El centro de Londres alumbra una zona comercial para la próxima generación

La humanidad viajera se mueve por causas distintas con diferentes recursos. No es lo mismo emigrar en busca de trabajo que viajar por negocios o hacerlo por placer, y dentro de esto no es lo mismo gozar de las mieles del turismo de masas que viajar con desahogo económico ilimitado.

En Londres, el turismo masivo visita los mismos lugares comunes: Buckingham Palace, Hyde Park, Piccadilly Circus y Oxford Street, la torre de Londres (un poco más alejada), y ya, dependiendo del tiempo disponible y los intereses de cada uno, el Museo Británico o el barrio de aspecto bohemio de Camden. Para las compras se desplaza a Harrods, como un punto algo excéntrico con respecto al circuito esencial de Londres, o bien callejea en las inmediaciones de Oxford Street, área bien conocida por las enseñas españolas de la distribución, de lo que en inglés llamarían comercio de «high street» o calle mayor.

No lejos de allí está St. James’s, una zona más exclusiva, para quienes buscan lo genuino, lo exquisito, la singularidad, e incluso el lujo. Y destierren de su mente una imagen errónea, porque, cuando se habla del mundo británico de la moda y el diseño (quizá por contraposición a la experiencia italiana más reciente), tendemos a encasillarlo todo en dos grupos: la vanguardia extravagante por un lado, el clasicismo rancio por el otro. Ambos estereotipos ignoran la existencia, por un lado, del diseño más actual «para llevar» (y no sólo para asombrar), y, por otro, de toda una herencia de calidad y elegancia interpretada con parámetros contemporáneos.

Entre Green Park (el jardín que llega hasta Buckingham Palace) y Piccadilly Circus, en un cuadrilátero más o menos delimitado por St. James’s Street, Piccadilly, Regent Street y Pall Mall, queda un área por el que todo el mundo pasa, pero en el que unos se demoran más que otros. El turista ocasional retiene que Piccadilly es una plaza (Circus), pero también es una larga avenida por la que prácticamente todos hemos circulado alguna vez. Tiene un tramo bien conocido con soportales, donde emerge (o quizá se esconde, arropado por la galería abierta) el hotel Ritz, un hito en la historia arquitectónica del Londres moderno, de los primeros edificios de la ciudad con estructura de acero, y encantador con su aderezo de flores en la fachada principal. Estamos en el límite del barrio, por así llamarlo, de St. James’s.

Lo primero es aprender a pronunciarlo a la inglesa, seintyeimses. Con el «ses» final, porque hay un genitivo sajón. No es San Jaime, sino «de San Jaime»: el rectángulo que rodea a la plaza arbolada de St. James, y que tiene aproximadamente 400 años de historia.

La calle de St. James fue abierta en el XVII, siglo en el que fue también urbanizada la plaza y se tendió la célebre Pall Mall, cuyo nombre (nunca es tarde para aprender) se deriva del hecho de que en el campo preexistente se jugaba a «Pale Malle», derivado del italiano «Palla Maglio» (algún precedente del criquet). Antes de 1690 ya había sido levantada la Iglesia St. James y la calle Jermyn, en cuyas aceras floreció el comercio de larga tradición: hoy siguen en pie y funcionando algunos establecimientos especializados hace cien y doscientos años.

El XVIII ve desarrollarse las casas de café y chocolate en St James Street, muchas de ellas transformadas posteriormente en clubs de moda como Whites, Cocoa Tree y Boodles. Y en el XIX proliferan en Pall Mall los clubs de caballeros, esa institución tan británica que ha retratado excelentemente la literatura novelesca. Algunos de esos clubs forman parte del portfolio de Crown Estate, tales como el Athenaeum, el Reform Club, el United Services Club (ahora denominado Institute of Directors), o el Royal Automobile Club.

También en el XIX se abre Regent Street y la Carlton House Terrace. Y en el XX se renueva la dotación comercial y se producen desarrollos de oficinas modernas, incluyendo el edificio Economist, de 1964.

Estamos ahora en una nueva fase de fuerte inversión en la zona, destinada a revitalizar el comercio, el esparcimiento y la experiencia de ocio de los visitantes. Como dicen sus protagonistas, los directivos de Crown Estate, es «el más ambicioso redesarrollo del St. James histórico en los últimos cien años». Los planes contemplan la remodelación comercios de dos manzanas, para crear nueva superficie de oficinas, y tiendas comerciales de primer orden y locales de restauración. Un reacondicionamiento a cargo de la dueña de una parte significativa del área, la muy británica institución The Crown Estate (La Propiedad de la Corona), para crear «el St. James’s de la próxima generación».


[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 205 — febrero 2013 ].