El primer tejido ignífugo del mundo basado en grafeno es español. / Lo ha producido Santanderina.

Grafentex es un consorcio multisectorial de empresas y centros de investigación. Ha logrado un avance pionero en el mundo.

Cierre los ojos e imagine usted un traje de bombero, o un mono-buzo para obreros de fundición, o ropa de trabajo industrial retardante de la llama, que sea eficaz, ligero, que esté libre de compuestos halogenados y otros químicos contaminantes habitualmente presentes en los ignífugos, y que por esas y otras razones pueda lucir el sello de respeto medioambiental Oeko Tex. Imagínelo. Y ahora abra los ojos y mire. El grupo Santanderina, que tiene una división de negocio de tejidos técnicos (Techs), se lo pone en las manos. Ya lo tiene. Es de poliéster algodón y encierra un ingrediente fundamental: grafeno.

¿Cuántos años hace que venimos oyendo hablar del grafeno? ¿De que va a revolucionar el futuro de la humanidad? ¿Y cuánto hace que comprobamos que los avances prometidos son muy lentos, y que no llegan los artículos que nos decían que tendríamos en nuestras manos muy pronto? Y es que el grafeno es un material casi milagroso pero difícil de obtener, inestable y caro. Y eso resulta poco compatible con una producción industrial.
Nos han descrito el grafeno como una lámina de carbono de sólo un átomo de espesor, o, hasta los años 90 del pasado siglo, como una monocapa de grafito. Nos han dicho que es uno los materiales más duros que existen (más que el diamante y muchísimo más que el acero), resistente pero, aunque muy rígido, extremadamente flexible (lo que la gente común siempre hemos considerado —desde nuestra ignorancia— que es una contradicción) e incluso elástico, transparente, de elevada conductividad térmica y eléctrica, ligero, fotoeléctrico, autorreparable… Nos han dicho que el grafeno sería el sustituto milagroso del silicio en los chips del futuro, aunque nadie explica cómo será posible por cuanto, a diferencia de los chips ordinarios (y de los antiguos transistores), no puede interrumpirse el flujo de electrones.
En realidad su uso práctico ha venido bastante limitado hasta la fecha, pero es muy cierto que el material ofrece un campo de desarrollo muy amplio. Sin embargo, el mayor problema es la industrialización de los procesos de obtención del material. Dichos procesos son hasta ahora casi de laboratorio, y lograr economías de escala es difícil, puesto que la calidad del material obtenido es inversamente proporcional a la «escalabilidad» del método o, dicho de otro modo, la dimensión industrial del sistema de producción.
Pues bien, ahora tenemos uno de los primeros resultados interesantes de aplicación del grafeno en el textil, y es el fruto de la colaboración entre una empresa líder del sector, Santanderina, otra del sector químico (Talleres Ruiz, SL, especializada en desarrollo y fabricación de reactores químicos), una empresa dedicada a nanomateriales y nanotecnología (Avanzare, riojana) y dos centros de investigación: el CTC (Centro Tecnológico de Componentes, de Cantabria) e Interquímica (de La Rioja).
Todos ellos constituyeron un consorcio denominado Grafentex, que desarrolla el proyecto del mismo nombre, presentado a mediados de marzo a los medios de comunicación. Cuenta con un presupuesto de 924.700 euros, y está cofinanciado por el Ministerio de Economía y Competitividad, dentro del programa Retos-Colaboración 2015. Su línea primordial de trabajo es el desarrollo de tejidos resistentes a la llama, de altas prestaciones y bajo impacto medioambiental, mediante la aplicación de dispersiones de grafeno que se integran en los textiles.
Ya se ha logrado desarrollar el primer tejido mixto del mundo (poliéster/algodón) con propiedades retardantes de la llama basado en grafeno, que ha sido fabricado por Textil Santanderina y del que pudieron verse muestras en el mes de marzo.
Una vez comprobado que es posible unir sólidamente grafeno a un soporte textil, la tarea siguiente es mejorar las propiedades y ennoblecer el tejido, de manera que una tela funcional resulte además cómoda en el uso. Esto es una necesidad cada vez más obvia en el mercado de los textiles de seguridad y protección personal: un bombero, por ejemplo, no sólo debe llevar encima la indumentaria de máxima protección, sino que es imprescindible que le proporcione confort en su trabajo.
Por otro lado, para llevar esta innovación a la práctica en una producción industrial, Santanderina necesitará un suministro de 25 kilos de grafeno al día, y esto, ahora mismo, constituye todo un desafío. Por ese motivo, Grafentex tiene en ejecución una segunda vía de investigación paralela, buscando optimizar la síntesis de grafeno, de modo que, con nuevas técnicas, sea posible obtener cantidades suficientes de esa materia a precios aceptables por la industria (y el mercado de los productos finales, obviamente).
Parafraseando a Neil Armstrong (el primer humano que pisó la Luna), «este es un paso pequeño para un hombre, pero grande para la humanidad». Siendo más modestos, la traducción a nuestro tiempo es que ha sido un paso grande y ambicioso, pero que está todavía en los inicios de lo que puede ser una gran revolución tecnológica, en la que el textil está directamente involucrado.
Y, permítannos una pequeña nota de orgullo, es un consorcio de empresas españolas el que está liderando el desarrollo, con la presentación de una auténtica primicia mundial.


[Publicado en TEXTIL EXPRES - Revista Nº 230 - ABRIL 2017 ].

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