¿Por qué un chino monta en Arkansas una fábrica de camisetas... con 330 robots?

De la creación a la venta, pasando por una industria confeccionista robotizada, en un sector cada vez más digital.

Recuerdo bien los «viejos tiempos», que entonces nos parecían tan modernos, en que la industria de equipos la manufactura textil de prendas se esforzaba por automatizar los procesos de confección hasta un punto tal en que (se confiaba) los robots pudieran sustituir a la mano de obra, y así la industria de los países de altos costes laborales pudieran mantener la actividad sin tener que deslocalizar su producción.
En algunas fases se logró, en efecto, automatizar enormemente. Por ejemplo, en patronaje, escalado, marcadas y sala de corte. Pero un taller de confección sigue siendo básicamente lo que siempre fue: un hombre (una mujer) / una máquina de coser.
El problema es que la costura trabaja con materiales flexibles. Un gran robot industrial puede asir, trasladar, manipular, colocar y soldar una pieza metálica o de plástico, que es rígida. Pero las telas no se dejan manejar del mismo modo.
En aquellos viejos tiempos se llegó a pensar en soluciones tan fantasiosas como fuera de la realidad: por ejemplo, en «congelar» (no literalmente, pero sí en dar rigidez mediante aprestos) a las piezas antes de su costura, para después eliminar los aprestos en un lavado final y devolver al producto la suavidad, dulzura y flexibilidad que esperamos de una blusa o de una falda.
Era un disparate, pero la innovación camina así: proponiendo extravagancias que a veces funcionan. Ni era práctico ni se le veían posibilidades de viabilidad en costes.
El tema se olvidó, pero los robots están volviendo con fuerza en todos los sectores. Incluso en industrias que ya tenían esos grandes robots pesados, que requieren una jaula de protección para los que pasan a su lado, y que, como dice la canción de «Estopa» relacionada con una nave de ensamblado de automóviles, «pegan unos chispazos de miedo»; incluso ahí, decíamos, ahora proliferan los llamados «robots colaborativos», de pequeño tamaño, de coste relativamente asequible, en materiales suaves que no causan daño si tropiezan con una persona, y que ejecutan pequeñas tareas con gran productividad.
En la confección, ese tipo de robots casi humanoides siguen sin ser, de momento, prácticos, pero en la anterior Texprocess ya vimos alguna propuesta de costura robotizada, de piezas singulares, ciertamente en materiales semirrígidos, es decir, válidas pasa coser partes de asientos de automóvil, por ejemplo. Pero es ahora cuando se nos ha hablado de una auténtica robotización en la manufactura de prendas de vestir, concretamente de camisetas. No lo hizo un expositor de Texprocess, sino un «partner» invitado por un expositor: Softwear Automation, Inc., como participante en un panel de discusión organizado por Gerber Technology.
Pete Santora, vicepresidente de Ventas y Márketing la empresa, nos recuerda que en los EEUU se consumen 3.000 millones de T-shirts al año. Afirma que, a pesar de que los EEUU tienen el algodón más barato, una energía eléctrica asimismo barata, y que es el tercer país del mundo en capacidad de algodón, apenas fabrica estas camisetas.
Ciertamente, en ese mundo existe algo de hipocresía, puesto que el coste de mano de obra no es tan sustancial, es decir que tiene poco peso en el precio total de la prenda. Un gráfico nos muestra que el 60% del precio de venta final de una camiseta de 14 dólares PVP es el margen del detallista. A éste le cuesta 6,57 dólares, y de ellos la mano de obra sólo supone 12 centavos de dólar de acuerdo con el gráfico que se adjunta; aparentemente, y como dirían los americanos, «peanuts». Sin embargo, cuando se trabaja en grandes cantidades, todo céntimo que se rebañe es importante, sobre todo si la marca o el comercio detallista continúa demandando rebajas.
Softwear Automation propone volver a fabricar en los mercados de consumo, para acortar la distancia geográfica entre fabricante y cliente. Si la mano de obra es cara, prescindamos en lo posible de la fuerza de trabajo en las tareas de costura. Pero, ah, de nuevo el problema: los tejidos no son rígidos.
La historia de esta empresa tiene su origen en el Centro de Desarrollo Avanzado de Tecnología de Georgia Tech, una incubadora de tecnología de la Escuela de Ciencia a Ingeniería de Materiales de Georgia. Hoy tiene varias patentes y ha trabajado para clientes como Darpa, Walmart Foundation, Under Armour, New Balance, y proveedores de las industrias de automoción y bienes de consumo.
Softwear Automation colabora con Gerber Technology para dar solución a desafíos de la industria, en tres ejes principales identificados: Acceso a un trabajo cualificado, presión competitiva sobre precios, y velocidad de entrega al cliente. Softwear Automation trabaja en el desarrollo de sistemas de visión de costura, capaces de ver el hilo de coser; software de costura inteligente; «sewbots» (robots de costura); «sewhands», o manos de costura, con sensibilidad para el control de tejido en proximidad a la aguja de coser; «sewarms» o brazos de costura, que controlan el tejido desde un poco más lejos de la aguja; mesas de costura; y líneas de producción total.
La empresa ya comercializa un robot denominado Lowry, que, según afirman, puede trabajar lo mismo que 10 humanos, y producir 1.142 T-shirts en una jornada de ocho horas, frente a las 669 que haría una persona a plena velocidad de trabajo. Bueno, 1.142 es casi el doble que la capacidad humana, pero, si dicen que hace lo que 10 humanos, será porque una persona nunca trabaja de forma sostenida todo el turno, y desde luego no hace tres turnos seguidos.
Curiosamente, uno de sus clientes más recientes es un fabricante chino, Tianyan Garments, el mayor proveedor de prendas de vestir para Adidas. No ha comprado el robot Lowry para fabricar en China. Lo que hará es producir, desde el año próximo, en una planta del grupo en Arkansas, EEUU, en la que instalará 21 líneas de producción y 330 robots. Cuando esté plenamente operativo, el sistema fabricará una T-shirt cada 22 segundos, y la fábrica obtendrá 800.000 T-shirts al día (23 millones al año) para Adidas. El coste de producción (no el precio contando materiales) será de 33 centavos por camiseta, lo que afirma que no tiene rival en el mundo. La instalación de Tianyan en Arkansas motivará una inversión adicional de un proveedor de hilatura, Shandong Ruyi, que obtendrá hilo de algodón local en una planta a una hora de distancia de la fábrica de camisetas.

Pete Santora.


  
Publicado en TEXTIL EXPRES - Revista Número 232
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