Colex: «No fabricamos ni vendemos uniformes escolares, sino imagen».

En su actual forma, la empresa nació en 2005. A pesar de la crisis de 2008, siguió expandiéndose. Y cerrará este año 2017 doblando, en un solo ejercicio, su volumen de producción. El éxito se basa en la personalización del producto, la calidad, la comprensión del mercado, y la inversión en bienes de equipo.

Xavier Colmenero, administrador de Colex, en el showroom.

Una empresa joven que crece con rapidez en el mercado de la uniformidad escolar.
De alguna forma, el negocio de Colex es de tercera generación, aunque en realidad se trata de una empresa muy joven que casi arrancó de cero. Los abuelos cosían fundas textiles para televisores, pues en la zona había por aquella época empresas que fabricaban esos aparatos electrónicos, y que se aprovisionaron de estas fundas hasta que introdujeron protecciones de porexpán. Comenzaron entonces a confeccionar batas de colegio para su venta en comercios especializados. Y la segunda generación heredó esas operaciones y montó tienda de uniformes colegiales, chándals e incluso moda, centrándose en el negocio detallista y disminuyendo la actividad productiva.
Esta última tenía una estructura mínima cuando la tercera generación, representada por Xavier Colmenero, asumió el negocio y le dio un vuelco. En dos años pasó de un sótano de 40 m2 debajo de la tienda a un taller de 160 m2, y en 2009 se trasladó a un polígono industrial donde ahora dispone de dos naves contiguas, que ocupan 1.200 m2. Hoy cuenta con cerca de veinte empleados directos, y da trabajo a unas 70 personas en talleres externos. El crecimiento ha sido rápido, y todo centrado en el diseño, confección y venta de indumentaria escolar, habiendo abandonado la pequeña tienda de los orígenes, aunque muy recientemente ha montado una actividad detallista directa a través de una tienda online que vende el producto a los padres de los alumnos.
Bajo su forma actual, la empresa Colex Uniformes, SL (colexuniformes.com), con sede en Moncada i Reixac, Barcelona, data de 2005. En 2016 confeccionó más de 200.000 uniformes, y en 2017 habrá superado el listón de los 400.000. Casi doblar la producción en un año ha sido posible gracias al enfoque en el producto, el ensanchamiento del mercado fruto de la política comercial aplicada, y a la capacidad de respuesta productiva, para lo que ha sido fundamental la dotación de los bienes de equipo necesarios y la tecnología idónea.

Una nueva dimensión para el uniforme de colegio.
Lo primero, el producto. Precisamente por tratarse de una empresa muy joven, con un gerente que tenía cerca su propia experiencia como alumno, supo ver que había un hueco para lanzar uniformes con un plus diferencial. Los niños estaban aburridos de vestir uniformes prácticamente iguales en todos los centros de enseñanza, y cada vez más los colegios aspiraban a distinguir su propia indumentaria con elementos de personalización.
«Nosotros no fabricamos ni vendemos sólo uniformes, sino imagen: recogemos la imagen del centro escolar y la trasladamos al uniforme, y eso significa diferenciar los cuellos, los colores, las aberturas», dice Xavier Colmenero, gerente y fundador de la empresa. La dotación estándar, hasta hace poco, era de bata de rayas, o pantalón/falda gris, con polo blanco y jersey azul marino o granate, más un chándal. Colex, aparte de la línea clásica, también ofrece colecciones distintas, no excentricidades pero sí con detalles que las hacen únicas.
Comenzó trabajando sobre todo para la escuela pública, colegios de la misma zona ya que este negocio acostumbra a nacer vinculado a un territorio de proximidad, que sólo superan netamente una decena de grandes firmas que trabajan a escala nacional.
En 2008 sobrevino la recesión económica del país, los presupuestos de las familias se hicieron más cortos y mucha escuela pública, con intervención de las asociaciones de padres (Ampas) organizadas para cada colegio, se hizo menos exigente en cuanto a uniformidad. Por ejemplo, proliferaron los chándals a 9,95 euros distribuidos por tiendas de bajo coste especializadas en deporte, como Decathlon. Pero Colex estaba en su fase de crecimiento, ganando nuevos clientes, y apenas notó esa etapa recesiva. Comenzó a trabajar con congregaciones, o grupos escolares integrados por varios centros. Una congregación de tres centros puede supone 1.500 alumnos, y hay congregaciones mucho más numerosas, con centros en distintas provincias o comunidades.
Hace nueve años empezó a vender fuera de Cataluña, y desde hace cuatro participa en ferias y congresos. Hoy en día tiene clientes en todas las provincias de España, incluido el archipiélago canario, y vende en Guinea Ecuatorial y ha establecido contactos con Francia y países de Iberoamérica, donde contempla posibilidades de crecimiento. También ha formado una alianza con empresas de diversos sectores, por lo que, colectivamente, pueden facilitar soluciones de conjunto a centros escolares, desde uniformidad hasta material para deporte, pasando por logística y servicios.

Mayorista, tienda escolar, y tienda online: los tres canales de comercialización.
El mercado escolar tiene sus peculiaridades. Xavier Colmenero nos explica que hay tres canales o tres modos de venta:
El canal clásico es a través de intermediario. Básicamente, una tienda o un mayorista especializado en uno o varios colegios-clientes. Este gestiona los pedidos y encarga la producción a fabricantes como Colex.
Cada vez gana más importancia la fórmula de trato directo entre centro escolar y fabricante: los colegios montan su propia tienda, en la que los padres pueden adquirir los uniformes y todo el material escolar, desde carpetas hasta bolígrafos. En ese caso, el trato es directo entre fabricante y colegio.
La tercera opción, la más novedosa, es la de la venta online, que pone en contacto a los padres de los alumnos directamente con el fabricante. Es una fórmula recién implementada por Colex, en realidad complementaria con la venta al centro escolar, ya que este llega a un acuerdo con el fabricante pero prefiere no trabajar como tienda ni ocuparse de los pedidos, o bien hace la compra sólo en el inicio de la campaña pero no se ocupa de las reposiciones o las compras adicionales a lo largo del año, que los padres pueden cursar al confeccionista a través de la tienda online. Colex estrenó este servicio hace un par de años, primero con sólo dos colegios adheridos, y al siguiente curso con una docena de centros escolares.
La actividad industrial de Colex, como es general en esta especialidad, se concentra mucho en los meses previos al comienzo de cada año escolar. Los colegios hacen sus previsiones de pedidos a la altura de abril-mayo, aunque algunos se despiertan muy tarde, incluso en julio, y piden tener los uniformes listos a mediados de septiembre, aun sabiendo que agosto en España es un mes prácticamente vacacional para todo el mundo, incluida buena parte de la industria.

Los desafíos: puntas de trabajo, previsión de tallas y cantidades, y la garantía de calidad.
En general, la máxima actividad productiva en uniformidad escolar va de mayo a octubre, incluyendo los pedidos para principio de curso y las rectificaciones sobre previsión: niños que estrenan uniforme o no este año (depende de su cambio de talla, de si un hermano ha pasado a otro menor las prendas del curso previo), aciertos o fallos en previsión de surtido de tallas, etc.
La diferencia entre los confeccionistas de moda y de uniformes escolares está en una relativa previsibilidad de los volúmenes, pero no hay una certidumbre absoluta. El fabricante de uniformes trabaja sobre pedido, y programa sobre la base del número de alumnos que tiene el centro escolar, las franjas de edad de los mismos, y una distribución aproximada de tallas habituales. Luego podrá hacer repeticiones si se ha quedado corta la programación de algunas tallas, o almacenar stock de otras si se ha excedido en la previsión, con la ventaja de que este producto no se quema por cambio de temporada sino que permanece a disposición de los padres para renovaciones en cualquier momento del curso. En ese sentido, el stock de la tienda online proporciona a los padres de los niños tranquilidad, porque saben que pueden adquirir en cualquier momento las prendas que necesiten.
Todas esas peculiaridades obligan también a Colex a trabajar con arreglo a la demanda del mercado. Por ejemplo, ha complementado su oferta con uniformidad laboral para superar la estacionalidad, y obtener carga de trabajo para los tres meses de menor actividad colegial, siempre buscando clientes que piden calidad y personalización, ya que en producto básico no compite con las importaciones asiáticas de bajo precio.
Ese criterio se aplica también al uniforme escolar. «La camiseta o el polo que tú o yo llevamos en la calle no nos lo ponemos tantas veces ni tan seguido como el polo del estudiante en el colegio», dice Xavier Colmenero. A las prendas de uniformidad escolar «se les da mucho uso y se lavan con frecuencia. Nosotros estamos obligados a ofrecer un producto de calidad. Si se destiñe o tiene descosidos, la devolución está garantizada. Ponemos las mejores cremalleras del mercado, cuyo precio es diez veces superior al de las más baratas. Tienen que resistir un trabajo mayor».

La importancia del equipo humano y el equipo tecnológico. Gerber Paragon, pieza clave.
El salto de Colex desde un pequeño proyecto a una empresa consolidada y con fuertes expectativas de crecimiento ha venido acompañado de inversiones en equipo sin las cuales no habría sido posible. La costura se hace en talleres externos, excepto la de prototipos. Pero en patronaje y corte fue necesario invertir muy pronto en un sistema CAD, con extendido semiautomático.
En 2016 el volumen de producción había crecido hasta un punto en que era necesario elevar la apuesta. Y entonces eligió equipos de Gerber. Concretamente, un conjunto integrado por un nuevo CAD para AccuMark PDS GMS, un plotter Gerber y, sobre todo, como pieza fundamental que movilizó las otras dos adquisiciones en aras a una integración y compatibilidad perfecta: una cortadora Gerber Paragon HX, de la que ya no podrían prescindir en la actualidad.
La intención inicial era mejorar la fiabilidad y mantener la misma producción con menos contribución humana. Pero la evolución de la empresa ha sido tal que al final tienen más personas en el proceso... porque la producción se ha elevado de forma importante.
¿Qué es lo que más valora Colex en estos nuevos equipos?
«Básicamente, la productividad», dice Xavier Colmenero. «El cortador Gerber Paragon trabaja a gran velocidad y es muy fiable. El mantenimiento no es barato, pero se compensa con el rendimiento de la máquina, y por otro lado estamos muy satisfechos con el equipo técnico de Gerber, que nos ha ayudado mucho en la integración de todos los sistemas».
La empresa ha hecho otras inversiones adicionales. Dos máquinas de bordados de Barudan y dos pulpos de serigrafía, respectivamente de cuatro y de doce cabezas, para integrar en la compañía más procesos de personalización del producto. Y tiene en curso una inversión en el ERP (planificación de recursos de la empresa, o sistema de gestión).
Junto a ello, uno de los secretos de cualquier compañía, y Xavier Colmenero lo menciona expresamente en su caso, es el equipo humano. «Estamos todos muy unidos y todas las personas se involucran mucho, además de que hemos crecido juntos en el negocio y el nivel de formación es muy alto».

Equipo Paragon de Gerber.

Equipo Paragon de Gerber.

Bordadoras Barudan.


[Publicado en TEXTIL EXPRES - Revista Número 234 - Diciembre 2017 - ].

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