Treinta años antes, un español había diseñado el primer traje estratosférico.

La marca Playtex ha difundido estos días una información sobre su contribución a la carrera del espacio, ahora que se conmemoran los 50 años del primer alunizaje (ocurrido el 20 de julio de 1969). Dice la casa que, «cuando Neil Armstrong y Edwin E. Aldrin dieron un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la Humanidad, lo hicieron vistiendo Playtex. Y, evidentemente, no hablamos de sujetadores y fajas».

Añade que, «de entre toda la labor de ingeniería que suponía enviar al hombre a la Luna, la Nasa afrontaba el desafío de cómo vestirle. El traje debía ser fuerte para protegerle de condiciones extremas, un terreno pedregoso por explorar, impactos de meteoritos, falta de oxígeno, pero también ligereza para poder moverse y flexionar extremidades... Debía poder presurizarse y despresurizarse a bordo de la nave. Un auténtico reto».

Latex Corporation, más conocida por la marca Playtex, era una firma corsetera que había nacido en 1932 y había revolucionado el mundo de la ropa interior utilizando el látex, material elástico súper resistente que moldeaba, recogía y resaltaba la anatomía femenina. Contaba en su haber con la revolucionaria faja de látex y el icónico sujetador Cruzado Mágico. «Ni uno ni otro eran útiles para los astronautas del Apollo 11. Pero sí los materiales y los procesos aplicados a su producción».

El proyecto de trajes espaciales salió a concurso, y Playtex se presentó. «Había prisa. El diseño que llegaría a la Luna tenía que estar listo en seis semanas. Idearon un traje a capas (veintiuna en total) de fibra sintética, neopreno y metal. Y resistió todas las pruebas a las que le sometió la Nasa, desbancando de lejos a los de sus competidores. Lo habían conseguido. El contrato era de Playtex».

Las costureras de la firma cosieron los trajes, hechos a medida, con las mismas máquinas Singer con las que hacían sujetadores y fajas, pero en versiones modificadas. Se instalaron máquinas de rayos X para comprobar no se había quedado olvidada ninguna aguja, cosa que, ya en el espacio, podía suponer un gravísimo problema. En la costura se prohibió el uso de alfileres, para evitar agujerear, siquiera mínimamente, el látex que se estaba utilizando.

Playtex afirma que el traje no fue diseñado por ingenieros de la Nasa sino por personas de la empresa corsetera. No recoge una constatación rescatada recientemente por los historiadores: que el primer traje espacial de la historia fue diseñado por un español, Emilio Herrera, en 1935, más de treinta años antes del alunizaje; y que la Nasa no sólo se inspiró en el mismo para sus trajes espaciales (también los anteriores al primer alunizaje), sino que quiso contratarle. Herrera falleció en el exilio, en Suiza, dos años antes de la llegada del hombre a la luna. El traje de Herrera, pensado para viajes en globo a niveles estratosféricos, tenía también varias capas: un interior de lana, una capa de caucho impermeable, otra de lona gruesa reforzada con alambres de acero en las articulaciones, diseñadas en forma de fuelle o «acordeón» (lo que también inspiró a la Nasa), y una capa exterior reflectante de plata destinada a evitar el sobrecalentamiento. Muchas menos que las 21 del traje de Armstrong. De todos modos, parece que en lo que más se inspiró la Nasa fue en el diseño del casco-escafandra, aunque el de Herrera se parecía más al de los buzos. El traje de Herrera llegó a fabricarse, pero no se pudo probar en la ascensión en globo proyectada, porque esto ocurría en 1936, justo en vísperas del comienzo de la Guerra Civil.

El traje espacial del primer hombre que pisó la Luna, Neil Armstrong, todavía se conserva en un museo de Washington, protegido tras una vitrina, en condiciones de baja temperatura y baja humedad, pero recientemente se ha informado que los trabajos de mantenimiento cada vez son más delicados. La goma de silicona en los dedos de los guantes, el caucho o látex del interior del traje, se degradan; la luz amarillea el exterior; y los restos de polvo lunar, sumamente abrasivo, agredió las fibras en su día; además, entre el cobre de los cierres y el revestimiento de goma se produce una reacción química nociva. Pero ahí está. Un traje que se diseñó y cosió a marchas forzadas, para un viaje que duró unos pocos días, y que 50 años después sigue expuesto a los ojos del público.


  
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