No sabrás si el amor de tu vida está en Tinder... hasta que os veáis en un café

2020 es el año de la irrupción de las ferias híbridas, digitales, y los «marketplaces». Son el futuro? ¿O un presente alternativo provisional?

Estamos en un momento de auge de la digitalización. Todo el mundo lo consideraba una revolución pendiente... incluso aquellos que ya estaban de pleno inmersos en un entorno operativo digital. Sin embargo, ahora todos hemos dado un salto de piscina. Digamos que nos hemos zambullido de cabeza.

Y seguramente estábamos convencidos de que el mundo iba a ser más digital en el futuro, pero, si hemos saltado de golpe, es porque nos han empujado.

Y ahora, pasado agosto, a estas alturas probablemente estamos ya saturados de teleconferencias, y seguramente habremos probado todas las herramientas disponibles para ello, desde el veterano y robusto Skype hasta el nunca bien ponderado Zoom, por no hablar de telellamadas múltiples, grupos de Whatsapp, sesiones de Microsoft Teams, y otros instrumentos más exquisitos que están a nuestro servicio.

Un ejemplo de la apertura a la digitalización es el del mundo ferial y congresual. Son numerosos los eventos que se han cancelado o pospuesto en su versión presencial y física, desde el mes de febrero para acá. En ocasiones por imposición administrativa: los Gobiernos estatales o regionales, aquí y en otros países, han limitado o impedido la celebración de reuniones con asistencia de numerosas personas. En ocasiones, por prudencia de quienes organizaban estos acontecimientos. O por haber constatado que la cautela de quienes debían exponer o acudir como visitantes reducía las perspectivas de éxito de los grandes encuentros.

 

Una alternativa, en la mayoría de los casos, forzada. Pero en la que algunos han puesto grandes esperanzas.

Una respuesta la han dado los formatos «híbridos», es decir, una cita presencial para un grupo de empresas o persona reducido por comparación con las citas habituales, y complementada con un «marketplace» y unos desfiles virtuales, lo que significa que se han rodado previamente y se difunden online tal y como si fueran reportajes videográficos.

Esta vía ha abierto los cielos para manifestaciones de escaso eco, que así confían obtener un impacto de audiencia mundial. Pero es el «marketplace» el apartado en el que mayores esperanzas depositan los organizadores de ferias, como alternativa a los eventos físicos.

A este respecto debe decirse que muchas habían experimentado ya con esa oferta. Algunas lo hacen desde hace años, sin grandes alharacas, a modo de «catálogo digital» complementario. Otras se han lanzado hace poco, con fuertes apuestas, porque intuyen que el modelo de negocio ferial clásico se está agotando. De hecho, hay algunos salones de moda que estaban encogiendo de modo tan alarmante que uno dudaba de que pudieran seguir celebrándose, a pesar de haber sido muy fuertes y relevantes en un pasado no tan remoto.

Y, ahora, el resto acaba de precipitarse sobre esa vía digital. Debe apuntarse a que lo han hecho forzadas por los acontecimientos. Igual que antes decíamos que la coronacrisis nos ha empujado a la piscina, muchas ferias habrían preferido celebrarse físicamente, pero han echado mano de la tecnología online para evitar un paréntesis de vacío en una o dos temporadas, y proporcionar a sus tradicionales clientes y visitantes un instrumento de relación alternativo. Ahora bien, una vez que han debido de entregarse en manos de los técnicos digitales, muchos creen también que ahí podría encontrarse su vía definitiva de futuro.

 

La corta experiencia del marketplace de Première Vision: hay quien está pero no está.

Como tantas cosas, es pronto para avanzar una apuesta con cierta base de fiabilidad. Sólo cabe apuntar pros y contras.

En su favor, sobre todo, lo económico del formato, que evita costes de desplazamiento, dietas de personal, costes de superficie contratada y de montaje y desmontaje de stand.

También, y todavía más en el futuro, la posibilidad de que sistemas de inteligencia artificial puedan orientar a todas las partes para proveer contactos, facilitando sugerencias a unos y otros en función de su comportamiento y preferencias. Un poco como Amazon cuando te propone determinados productos y marcas porque sabe que te gustan ciertas cosas, debido a que sueles buscarlas y a veces las compras.

En cierto modo, un marketplace bien desarrollado en el futuro podrá hacer lo mismo que los sitios de citas online, o de emparejamiento para amor/amistad (Meetic en su día, Tinder ahora... quizá otros).

Frente a ese haber, hay debes. Un expositor de Première Vision nos decía en febrero, poco antes de que la pandemia enviase todo el sistema ferial al limbo, que el «marketplace» obligatorio de ese salón (PV) apenas les estaba generando actividad, y que la generada era de poco interés, hasta el punto de que ya ni hacían caso a las peticionesde información por esa vía.

Bien, el marketplace de Première Vision no lleva tanto tiempo funcionando, puede otorgársele quizá un margen de confianza. Por otra parte, nos consta que son varios los tejedores que antes del verano pedían a la Administración apoyo para contactar digitalmente con clientes, «ahora que no vamos a tener ferias donde verlos para la próxima campaña». Así se formuló en una teleconferencia de trabajo, por ejemplo, con una persona de la Generalidad de Cataluña.

Pero también obtuvimos una confidencia «off the record» de un tejedor importante, español (y que no es el antes mencionado), que nos dijo que él «no estaba en el marketplace» de PV; le respondimos que sí que estaba, puesto que todos los expositores sin excepción, lo quieran o no, están; y nos respondió a su vez que «está pero no está». Y es que lo que pueda aportar esa plataforma no le interesa. Dicho de otro modo: o son las relaciones personales cara a cara en una feria, o son las individuales, de empresa a empresa, fuera del entorno ferial y de «marketplaces» varios. Lo demás lo descarta.

¿Es una opinión generalizable? Hace unos meses lo habría sido. Ahora mismo quizá no, puesto que existe necesidad de relación y se experimentan todos los canales.

 

Modtissimo y MilanoUnica, las dos ferias presenciales de septiembre.

Constatemos que en septiembre, y dentro de un panorama de suspensión voluntaria o forzada de encuentros feriales (Who’s Next y Première Vision se han cancelado por decisión gubernativa), se agradece que haya, con todas las precauciones sanitarias, algunos encuentros físicos, como MilanoUnica en Italia (tejidos) o Modtissimo en Portugal (textiles e indumentaria), este último de muy próxima celebración del 23 al 24 de septiembre.

En España, lo único que hemos tenido en ese sentido fue la experiencia híbrida de Día Mágico by Fimi en julio. En septiembre, por el contrario, casi todo es digital. Apenas los desfiles de la MBFW (la semana de la moda de Madrid) son híbridos. Pero Momad se ha quedado en algo puramente digital, al igual que la VBFFW (la semana de la moda nupcial de Barcelona) y el 080.

Quizá esas ferias digitales sean el futuro. De momento, sin embargo, el encuentro personal es algo que añoramos. Al fin y al cabo, en los lugares online de búsqueda de pareja quizá puedas encontrar (o no) al amor de tu vida. Pero eso no lo sabrás hasta que quedes en una cafetería y os miréis a los ojos. Incluso con mascarilla.


  
Publicado en TEXTIL EXPRES - Revista Número 250 - Septiembre 2020
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