Sastrería: un oficio que se ama, y que gana nuevo reconocimiento

Los maestros sastres se han distinguido siempre por el individualismo, que debe superarse.

El gran Joaquín Maestre Morata, introductor de la profesión de Relaciones Públicas en España en los años 60 del pasado siglo, narraba hace unos años que su primer cliente fue la Sociedad Mutua de Maestros Sastres La Confianza, que quería organizar un desfile de moda masculina en el Hotel Ritz de Barcelona. Y decía que lo primero que hizo fue «cambiarle el nombre por el de Consejo Español de Sastres, porque sonaba mucho mejor». Pero, si el nombre sonaba a antiguo, esta historia de «modernización» también lo es. No busquen, hoy, al mencionado Consejo.

Corporativamente hablando, los sastres tienen representaciones gremiales locales y, en el plano nacional, asociaciones que parecen clubs de sastres afines o compatibles. Quizá la de raíces más veteranas sea la Asociación de Sastres de España La Confianza (¿les suena?), que se declara heredera de la Sociedad de Sastres de España fundada en 1865. Actualmente relaciona una veintena de socios, sólo la mitad de ellos activos, en su mayoría de Madrid; permanecen en esa relación algunos miembros que ha pasado a otra entidad.

También está el Club de Sastres de España, que cita unos 14 sastres asociados, alguno de ellos igualmente mencionado como tal en otras entidades «competidoras».

En marzo de 2017 se creó la Asociación Española de Sastrería, AES, con vocación de rejuvenecer el oficio y adaptarlo a los tiempos actuales. Cuenta con once socios de sastrería artesana (de Madrid, Barcelona, Oviedo y Ponferrada), un camisero de medida industrial, y socios colaboradores (tejidos, complementos, escuelas de formación). Es a esta a la que el sastre Chris Gimeno, de quien ofrecemos una entrevista en otro sitio de Textil Exprés, se adhirió en marzo último.

Gimeno reconoce que una de las características tradicionales en la sastrería es el individualismo. La maestría de cada cual se apoya en sus conocimientos, de ahí el recelo que existe con respecto a su transmisión a terceros. «El sastre siempre ha querido llevarse sus secretos a la tumba».

Eso hace difícil crear escuela. Sin embargo, existen manuales clásicos de sastrería, y las asociaciones promueven la educación de sangre nueva para el oficio, mediante cursillos y acuerdos con institutos de diseño, corte y confección. Al final, la progresión hacia la maestría se hace por la figura del aprendiz, sabiendo siempre, por parte del sastre que enseña, que la persona a la que se forma puede emprender vuelo propio, con lo que la formación se convierte en una inversión de incierto retorno. Pero así es, y de ese modo, sobre todo por amor a la profesión, es como se cultiva este oficio, que está de nuevo ganando reconocimiento y aceptación por el público.


  
Publicado en TEXTIL EXPRES - Revista Número 252 - Diciembre 2020
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