Kilómetro Cero... o el Gran Reinicio del Textil/Moda

 

Humberto Martínez
Director de Textil Exprés

Algunos se han quedado por el camino. Los que han sabido (y podido) aguantar, están remontando... y aprendiendo las nuevas coordenadas.

El lector de esta revista podrá ver lo que, en realidad, han sido dos portadas de este mismo número de Textil Exprés. La primera en términos cronológicos fue la que aparece en una página interior. Un cuadro colgado en el aire, con marco semitransparente, casi una fusión entre lo onírico y lo real, y una pintura encajada que en realidad es una foto de una carretera hacia el horizonte.

Parafraseando cierta canción de Paul McCartney en una de sus últimas composiciones dentro de los Beatles, podríamos haberla titulado «The Long and Winding Road», la larga y sinuosa carretera llena de curvas. Pero este era un tramo recto, por aquello de que sugiere más una marcha al infinito. Lo retorcido no era el camino sino la cinta métrica tan característica del textil.

Ignoramos si era afortunado pintarlo así, pero tenía su efecto agitador sobre las neuronas. Lo diseñamos evocando algo que ya explicábamos en el mensaje de presentación a quienes invitábamos a participar en el número: deseábamos poner el kilómetro cero de la reactivación, después del impacto de la Coronacrisis. Un hito simbólico.

Bien, la idea (y el mensaje) siguen siendo buenos, en nuestra opinión. Pero al final hemos optado por algo más simple todavía. Es el botón de encendido de un dispositivo electrónico. Con un mensaje de texto que los informáticos llamarían en inglés «reboot». Un reinicio duro, no de software sino de pulsador.

En el último momento nos ha parecido una imagen más acorde con la situación: se está recomenzando. Y, sí, el camino se muestra lleno de curvas, como las de la cinta métrica revuelta. O de obstáculos. Pero es como si en el reinicio se nos hubiese actualizado el sistema operativo y los programas: Nada está en el sitio de antes, cuesta encontrar las herramientas, no sabemos bien cómo funciona y volvemos a una etapa de aprendizaje.

Mucho de lo que sabíamos sigue siendo válido, así que no partimos de la nada aunque tengamos el contador a cero. Pero hay muchas otras cosas que ya no nos sirven. Es probable que el nuevo contexto (y los nuevos conocimientos) nos conduzcan a una situación más potente, pero también cabe que algunos piensen que ya han visto demasiados sistemas operativos, demasiadas versiones de suite office y, saliéndonos del videojuego a la vida física, demasiados campos de batalla auténticos con sus alambradas, blocaos y trincheras.

En el fondo siempre ha sido así. Épocas cómodas y sin desafíos son escasas y cortas, en la historia de las personas y de la humanidad. Lo normal son los campos de minas, los problemas a resolver, desde luego las oportunidades pero también los retos. Y lo que varía es la modulación de su intensidad. Es posible que esta haya sido una de las ocasiones de máximo voltaje. Aunque, como decía una niña entrevistada en televisión durante la pandemia, la mascarilla es incómoda «pero peor es morirse». En efecto, nuestros abuelos o bisabuelos vivieron una guerra. De las de verdad. Así que, ¿es honrado quejarse?

 

«Kilómetro Cero de la Reactivación».

Digámoslo en primer lugar: no debemos pecar de ilusos. Este número de Textil Exprés dedicado a la reactivación del Textil después de la crisis del coronavirus se planteó de forma prematura. Muchos en el sector no estaban en modo proyectivo sino defensivo, a la espera de que las cosas se despejasen algo más. De hecho, todavía hay personas en esa actitud de «wait and see». Vaya, no de esperar sino de actuar, pero prudentemente y viéndolas venir.

Hay en esto, no obstante y como enseguida expondremos, mucha variedad, puesto que el textil ha dejado más claro que nunca su diversidad de condiciones.

Volviendo al hilo del ensayo, en el aspecto simbólico suele ser motivador hincar un hito que marque un punto de inflexión. Siempre será algo arbitrario, aunque conviene que tenga una base, alguna razón que le confiera credibilidad. Carece de sentido y además resulta contraproducente ir bajando a tumba abierta y gritando una y otra vez que ya remontamos. Por ello fue tan ridícula e incluso insultante aquella afirmación de cierto político al final de la primera oleada, cuando graciosamente dijo que salíamos más fuertes. Sucedió en la primavera de 2020. El otoño se encargó de desmentirle.

Lo cierto es que a comienzos de este último verano, de 2021 (es decir, desde que comenzó a mitigarse la última oleada de la pandemia y llegaron las campañas de vacunación), pudo otearse un cambio de tendencia y una modificación del contexto, ahora más favorable al sector, después de muchos meses en que todo estaba en contra.

Sin embargo, era prematuro hablar de reactivación. Lo que se veía, al menos en el sector de la moda, era un menor hundimiento. Y eso no es como para tirar cohetes de alegría. Si el comercio de ropa, que durante meses caía del orden de un 40% sobre períodos comparables de 2019, pasó a caer solo un 20-30%, pues sin duda era mucho mejor. Pero imagínense que no estuviésemos emergiendo de ese naufragio. En circunstancias normales pre-pandemia, o sea, si en 2019 hubiéramos visto una caída del 20% respecto a 2018, prácticamente habríamos estado todos vertiendo lágrimas.

Este número aspira a ser optimista y lo es por constatación de que, como conjunto, el sector ya vislumbra un futuro mejor, con todos los matices que proceda constatar y en los que luego entraremos, pero sin duda está mucho mejor que hasta hace unos meses. No vamos a obviar, a pesar de esta actitud positiva, la desolación que la coronacrisis nos ha dejado.

Como revista del sector, que ha vivido intensamente sus mejores y peores momentos de los últimos cuarenta años, impresiona hacer (como hemos hecho) un somero repaso de fichero de empresas y ver cuántas han cerrado sus puertas durante el pasado año y comienzos del corriente. No nos hemos puesto en plan estadístico, no ha sido un estudio sistemático, e ignoramos por otra parte cuántas nos podamos dejar sin comprobar. Es difícil hacer seguimiento de una decena de miles de empresas, de la industria y del comercio, con una casuística además muy compleja. Por ejemplo, las hay que se extinguen pero cuya memoria recogen otras que nacen como transformación, ya sea con el mismo equipo o con otro. Y hay otras que formalmente siguen ahí, no han emprendido la liquidación-extinción (ni han hecho concurso de acreedores), pero languidecen como sociedades durmientes, inactivas a numerosos efectos e incluso con la hoja registral cerrada por incumplimiento de las obligaciones pertinentes. Es lo que ahora se denomina «empresas zombi».

Hemos visto también varios casos de «jubilaciones anticipadas» de empresarios que aguantaron tres-cuatro-cinco meses de coronacrisis, a base de ERTEs, reconversión parcial de actividad (cuántos han fabricado mascarillas como recurso de supervivencia), y esperando a que amainase el temporal… para arrojar la toalla en el último trimestre de 2020, liquidar cuentas caballerosamente, reconocer que lo sobrevenido les superaba, y pasar a una vida de mayor sosiego antes de que el tsunami les comiera el patrimonio. Ha sido, en esos casos, una actitud inteligente y elogiable. No todos sabemos, o no todos saben, retirarse a tiempo. Aunque también hay quien ha podido reconducir la trayectoria y mantenerse a flote. Lo que desde luego tiene mucho mérito también y es muy digno de aplauso.

Recuerdo que a la altura de mayo-junio del año pasado hubo algunos que dijeron que aguantarían el impacto, pero que serían incapaces de superar una segunda ola. Fue entonces cuando, a raíz de revisitar un clásico cinematográfico del blanco y negro, la célebre película Casablanca, nos llamó la atención una frase banal, que solo nos alertó las orejas por el contexto de la pandemia. Al protagonista los nazis le cierran el café de Casablanca, en la Marruecos colonial cuando el régimen de Vichy. El dueño, interpretado por Humphrey Bogart, pregunta a quien le lleva la caja cómo van las cosas. Y este le responde que ningún problema, que podrán aguantar bien tres o cuatro semanas de cierre. ¡Un mes! Que el sector haya aguantado más de un año de actividad reducida, aun con las ayudas de los ERTE y los créditos blandos del ICO, es asombroso. Son magnífico ejemplo de éxito, precisamente, esos pocos casos que nos dijeron que no podrían aguantar una segunda ola de Covid-19, y que siguen actualmente trabajando e incluso repuntando. Han aguantado mucho más de lo que teóricamente podían, y tiran hacia arriba con enorme coraje y energía.

¿Estamos ahora comenzando a remontar, en efecto? Esa es la tesis del presente número. Y hemos sido optimistas desde su planteamiento, pero hemos dicho también que no somos ilusos.

Durante la elaboración de este número, que ha sido más lenta de lo previsto, hemos hablado con varios empresarios, y la sensación no era todavía muy positiva. Ciertamente, el textil es un sector tan amplio y con tantos compartimentos que las sensaciones no son homogéneas. De hecho, ha habido empresas que no han notado la crisis ni en sus peores momentos, pero es una cuestión de diferencias de mercados. Y es que hay áreas en que las empresas del textil tienen más afinidad con actividades ajenas a las de sus colegas de industria.

Todos tendrán husos de hilar, o telares, o talleres de costura (si es que son empresas productivas, claro está), pero sufrirán o se regocijarán al mismo tiempo que los fabricantes de automóviles, o sofás, o de material deportivo… mientras sus colegas sufren o se regocijan con cualquiera de las actividades que acabamos de citar o con las de moda en las que comparten vaivenes con las empresas de joyería y de fragancias, por ejemplo. De ese modo, es posible que el espíritu general de reactivación no les beneficie si, por ejemplo, la crisis de escasez de semiconductores paraliza (como está ocurriendo) a la industria del automóvil. Todo tiene sus pros, sus contras, sus momentos.

Hay otros sectores que prácticamente no han padecido en absoluto la crisis vinculada al coronavirus. La alimentación básica es un ejemplo claro. Mientras la restauración sufría, los supermercados no daban abasto para satisfacer la demanda de alimentos a consumir en casa. Al mismo tiempo, los fabricantes de hornos, pequeños aparatos de panificación y frigoríficos-despensa recibían más pedidos que los que podían suministrar.

La crisis del coronavirus produjo un trasvase de gasto, de sectores castigados por confinamientos totales o parciales, o por restricciones de actividad social, a otros que no sufrían esas limitaciones y que servían mejor a las necesidades «in-door». Los sectores de la moda se vieron claramente perjudicados por ello.

El teletrabajo tuvo igual efecto. Incluso si nos vestíamos algo mejor para la teleconferencia, sólo nos preocupábamos de lo mínimo: la blusa o la camisa. ¿Para qué más? Podíamos hacer como aquellos locutores de TV que llevaban corbata y chaqueta, pero pantalón tejano raído y zapatillas de deporte «de mesa para abajo»… cuando todavía no estaba de moda algo que ya es común e incluso forma parte de las tendencias, como la combinación formal-informal.

En teletrabajo puedes estar en pantuflas y no pasa nada. Y la camisa puede ser algo más formal que un pijama o un chándal, pero sin grandes exigencias. Zoom, Microsoft Teams y otras soluciones de videoconferencia son herramientas ajenas al glamour. Por supuesto, tampoco hacen falta perfumes ni desodorantes. Pero tampoco se sabrá si llevas tres días sin mudarte, y no ya en lo relativo a aromas de la prenda sino al aspecto de la misma: ¿ha perdido el planchado? ¿está rozada? No es que sea de estética grunge, es que nadie se va a enterar.

Leíamos hace unas semanas que, con el teletrabajo, la gente ha bajado su media de duchas semanales. Sin duda es más ecológico porque se gasta menos agua y se vierte menos detergente o champú, pero todo junto refleja el descenso en el umbral de exigencia en la imagen propia al disminuir la actividad social, tanto la de terraza como, sobre todo, la de oficina. Como consecuencia, la moda ha sido uno de los ámbitos más perjudicados, mientras que el textil de hogar no lo ha pasado tan mal. En ese sentido, los textiles para la casa han formado parte del grupo de artículos para el equipamiento familiar, de un modo parecido al de los electrodomésticos de cocina o los sillones de la oficina-en-casa. No obstante, la crisis hotelera ha golpeado a los textileros de hogar y decoración especializados en el mercado «contract».

 

Decíamos que hace unos meses hablar de comienzo de reactivación era un ejercicio voluntarista, probablemente prematuro. Unas semanas después, las cosas han cambiado algo. Por ejemplo, se está volviendo a la oficina. Y, desde luego, a las terrazas de bar. La presión por volver a salir crece incluso en el ámbito de la noche, de momento en formato botellón. No vamos a entrar en juicios ni opiniones al respecto. Pero es evidente que el retorno a la socialización en vivo, en cercanía, presencial, es favorable a una recuperación del agrado por gustar, también en el atuendo. Y eso es bueno para el comercio y la industria de la moda.

Como reverso, ya ha bajado el uso y la demanda de mascarillas, y en algún momento dejaremos de usarlas del todo, por más que probablemente quede un uso preventivo similar al que tanto tiempo nos llamó la atención a los occidentales, cuando veíamos a viajeros asiáticos enmascarados en los aviones, los aeropuertos, o los pasillos de las ferias. Ahora los comprendemos, ¿verdad?

Este número de Textil Exprés, dedicado monográficamente a la reactivación, lo hemos estructurado en dos bloques. En primer lugar hemos optado por mostrar la visión de algunas personas que hemos interpretado que podían ser, desde distintos ámbitos, voces autorizadas. Son cortas entrevistas con un mismo temario básico común.

Lo hemos complementado con los resultados de una encuesta realizada por Textil Exprés. Aunque hemos recibido suficiente número de respuestas, nos ha sorprendido la desmotivación de muchos de los encuestados, que han declinado participar. Cuando lanzas un cuestionario es habitual que responda solo una parte de los consultados, pero ha sido una de nuestras encuestas de menor entusiasmo participativo. Es una de las señales de que no cabe todavía echar campanas al vuelo, ni siquiera como comienzo del camino de recuperación.

Es llamativo igualmente, en sentido paradójico respecto a lo que acabamos de decir, que las respuestas muestren casos aislados de excepción a la crisis. Hay a quien parece que la coronacrisis le ha resbalado, puesto que todo le ha ido bien, e incluso muy bien, en el sector textil. Y no nos referimos solo a productores de textiles técnicos, por ejemplo, cuyo mercado ha sido más estable. A estos empresarios, sinceramente, ¡enhorabuena!

Por último, en un segundo bloque exponemos algunas reflexiones de Textil Exprés, orientadas al presente y el futuro. No son voces de expertos, sino el planteamiento de algunas reflexiones de esta revista, fruto de la observación del sector desde distintos ángulos. En buena parte es el resumen de lo que muchos de ustedes también piensan. Aunque en algunos puntos quizá discrepemos, pero les daremos un motivo para que entren en un juego dialéctico, de análisis de pros, contras, y de formulación de sus propios juicios al respecto.

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