Brasil, Quinta Potencia en el Sector Textil... ¡y en busca del Tercer Puesto Mundial!

 

Brasil
Fernando Pimentel, director general de Abit,
Asociación Brasileña de la Industria Textil y de la Confección.

 

 


  • El textil brasileño es una cadena completa, que abarca desde el algodón (agricultura) y la producción de poliéster, hasta la prenda final.
  • La exportación sólo representa el 2,5% de los ingresos totales del sector.
  • Primer objetivo, recuperar una cuota del 1% en el mercado internacional.
  • Desde la fuerza de una base doméstica, quiere proyectarse en el exterior.
  • En diez años, el desarrollo del Brasil ha puesto en el mercado a 35 millones de consumidores.
  • Grandes esperanzas en las negociaciones Mercosur-Unión Europea.
  • Zara y Mango tienen planes ambiciosos para el Brasil. No sólo tiendas, sino producción local.

Hoy todo el mundo habla de los BRIC como países de rápido crecimiento. Y, aunque no tengan parecido entre sí, y en la escena comercial internacional resulten entre ellos grandes competidores, no cabe duda que son economías emergentes de gran tamaño cada una. Por lo que atañe a nuestro sector, Brasil (la B de esa sigla que incluye además a Rusia, India y China) es la quinta potencia industrial del mundo, y el segundo fabricante mundial de denim. Eso no le basta, sin embargo. Quiere más. Ambiciona colocarse en la tercera posición del sector, y para ello piensa esgrimir dos bazas: la fuerza de su mercado interno, grande y creciente; y la actuación en el mercado exterior.

Esto último podría decirse que se halla temporalmente frenado en la práctica, porque la moneda brasileña cotiza demasiado alta respecto del dólar y, como el mercado interno se halla en fase expansiva, resulta más cómodo y rentable refugiarse en la clientela nacional. Pero es un paréntesis coyuntural. El textil brasileño sabe que su consolidación como potencia global exige internacionalizarse.

Textil Exprés visitó el pasado mes de julio la feria Première Brasil, organizada por Première Vision, en la que participan sobre todo los fabricantes de tejidos de producción brasileña. De ella puede verse una crónica en las páginas siguientes. Con tal ocasión dialogó además con Fernando Pimentel, director general de la asociación patronal de la industria textil y de la confección del Brasil, Abit, quien nos explica la situación actual del textil brasileño, sus desafíos y sus aspiraciones.


 

 

¿Cuál es la posición actual del Brasil en el negocio mundial del textil?

—Brasil es número cinco en el sector textil mundial, en términos de producción textil específica y en términos de fibras.

La fibra principal que utilizamos en nuestra industria es el algodón, y estamos invirtiendo mucho en esta área que pertenece a la agricultura, puesto que somos productores de dicha fibra. Y también invertimos en producir poliéster: tenemos una gran inversión en marcha en Pernambuco, promovida por Petrobras, del orden de 2.000 millones de dólares, para producir más de 250.000 toneladas de poliéster.

Así que Brasil presenta la peculiaridad de que tenemos desde la materia prima hasta el producto final. Y más que eso: tenemos en la actualidad un muy buen mercado interno.

Nuestra industria es muy fuerte en denim, género de punto, moda de baño y otros productos. Y es una industria fuertemente inversora, que dedica a este fin del orden de unos 2.000 millones de dólares al año, si nos limitamos sólo a los sectores textil y del vestir.

 

¿Inversión en producción?

—Estas cifras se refieren a inversión en producción, no en «retail». Comprenden por tanto producción, tecnología, sostenibilidad…

Las cifras reales son mayores, porque nuestros datos resumen las estadísticas de créditos del Banco de Desarrollo para la inversión en el sector, máquinas y equipos comprados en Brasil, importaciones de máquinas y equipos; pero, si añadimos innovación, tecnologías diversas, diseño, capital circulante, todo eso representa al menos un 30% más.

Así que tenemos una industria moderna, actual, y no tengo la menor duda de que es capaz de competir en todos los mercados, pero no en el «bottom line», no en los segmentos inferiores.

Le daré más datos: este gran sector, número cinco en el mundo, tuvo el año pasado unos ingresos de alrededor de 60.000 millones de dólares, y de ellos 1.500 millones de dólares fueron exportados. La exportación representa sólo un 2,5% de los ingresos totales. La tradición del Brasil es que se trata de un país que produce y consume su propia producción, pero tenemos un programa ambicioso denominado Texbrasil, apoyado con recursos de Apex (la agencia gubernamental para promover exportaciones e inversiones), que persigue recuperar el 1% del mercado internacional que alcanzamos en los años 80 del siglo XX. Si hoy tuviéramos aquella posición, en lugar de exportar 1.500 millones de dólares, exportaríamos 6.500 millones: 4,5 veces más que hoy.

Sin embargo, la situación es compleja. Brasil crece, pero la posición exportadora es difícil de sostener. El año pasado, nuestro PIB creció un 7,5%, y la industria textil aumentó su producción en torno a un 5%. Los detallistas vendieron un 10% más en términos reales. Al mismo tiempo, los bienes importados crecieron un 45%. Es decir que el mercado crece más que la producción, y la importación aumenta con mucha fuerza.

¿Qué está ocurriendo ahora? Como nuestra moneda está muy fuerte, venimos sufriendo la presión de las importaciones, cuyos principales suministradores están en Asia. Sobre todo China, que por sí sola representa el 45% del total de bienes que llegan a este país desde el extranjero, y si hablamos en términos de vestir, alcanza el 72%.

Nuestra tesis es que vivimos en un mundo global, y si los productos son globales, los procedimientos para fabricar tienen que ser globales también, y cada día más. Pero, aun asumiendo que hay países muy pobres a los que debemos ayudar, no podemos aceptar que gigantes como China, con una moneda artificialmente débil por comparación con las cifras reales de su economía, pueda llegar a nuestro mercado y ocupar una gran porción del mismo en una competencia no leal. Y en ello estamos trabajando.

 

La moneda fuerte será también un inconveniente para exportar.

—Lo es. Pero, con esos datos, hemos de trabajar para defender el mercado brasileño y también salir más a los mercados internacionales.

Nuestra agenda contempla elevar la posición de nuestra industria en el mundo, desde la quinta que ocupamos actualmente... hasta la tercera. Creo que podemos confiar en alcanzar ese tercer puesto, porque sumamos ese fortísimo mercado interno y el gran mercado internacional a disputar con otros países. Como he dicho antes, la participación de nuestras exportaciones en el mundo es mínima, y esto podemos verlo como una debilidad o como una oportunidad. En términos del programa Texbrasil, ésta es una gran oportunidad. No queremos vender un T-shirt por un dólar, sino disputar un mercado diferente. Que no será un mercado del nivel de Chanel, pero nosotros lo llamamos «un mercado de nuevo lujo», al que se llega a partir de un enfoque sobre sostenibilidad, diversidad de materiales (porque tenemos una gran biodiversidad), producción limpia, diseño, color...

En definitiva, la gran capacidad que tenemos dentro de nuestro país para consumir nos sirve para crear una base doméstica y, desde ella, proyectarnos al resto del mundo. Como es obvio, comenzando por las Américas: Estados Unidos, Canadá, México, y Sur y Centroamérica, puesto que estamos más conectados con esta parte del mundo. Al mismo tiempo estamos abriendo caminos para ir al área del Pacífico, combinadamente con Perú y otros países.

En realidad, Asia está más interesada en comprar nuestras materias primas que productos manufacturados. OK, todo el mundo está buscando nuevos mercados y quiere crear empleos. Pues nosotros también. China necesita crear 20 millones por año. Pero nosotros necesitamos crear unos 2 millones de nuevos empleos por año. Todos necesitamos mejorar el mundo, y nosotros debemos defender los intereses del Brasil, así que deseamos vender también manufacturas.

Es cierto que hoy las condiciones son muy complicadas, a causa de la situación financiera del mundo, sobre todo en países desarrollados. China está sufriendo, déjeme decirlo así, por la menor capacidad de compra de la población de los países desarrollados, y en consecuencia busca mercados donde todavía haya capacidad de consumo. Y Brasil es uno de ellos.

Insisto además en que nuestra moneda está muy fuerte. Para hacerse una idea, el año pasado 5,3 millones de brasileños visitaron otros países del mundo: excelente, todos queremos que muchos brasileños viajen al extranjero y conozcan mundo, y vean cómo están organizados otros países. Ahora bien, de ellos... estimamos que el año pasado compraron en el exterior 50.000 toneladas de ropa, calzado y accesorios ¿Y por qué ha ocurrido esto? ¡Porque el mundo está en rebajas!

Por eso, si bien es cierto que el mercado brasileño está creciendo, hay que distinguir lo que pasa en los distintos segmentos de consumo. Las clases A y B están viajando más y comprando más fuera de Brasil. Las clases B y B-C son el mayor mercado dentro del país. Y la clase E está comprando precio. Ése es el mapa del mercado brasileño de moda.

 

¿Y la industria brasileña actúa en todos esos segmentos?

—Estamos promoviendo inversiones en el nivel «high end», pero nuestra clase «high end» representa quizá un 2% de la población total, son sólo unos 4 millones de personas. Compran mucho, puede usted verlo en São Paulo, que cuenta con alrededor del 60% de los millonarios del país.

Por otra parte, Brasil está proporcionando a gran rapidez un nuevo desarrollo al nivel bajo de la sociedad a través de la educación, y en los últimos ocho años hemos puesto en el mercado más de 35 millones de personas que estaban en clase D y han ascendido a clase C, y de clase C a clase B, así que hemos puesto casi toda una España en el mercado de consumo. Y nuestra previsión es poner otro millón más en los próximos ocho a diez años.

Así que ya tenemos mucho para consumir, pero eso nos plantea retos adicionales, como el de ser cuidadosos con el medio ambiente. Por ello otro de los objetivos de nuestra asociación es ver cómo podemos producir en condiciones verdes y responsables, así que tenemos en curso un programa específico, en paralelo con los de inversión en innovación y diseño.

 

Por la naturaleza de nuestra revista, lo que más nos interesa es el papel del textil del Brasil en su relación internacional.

—Como ha comprobado usted en Première Brasil, en esta feria pueden verse compañías internacionales exponiendo junto a las empresas brasileñas. Vemos empresas de Italia y de Francia, por ejemplo. Y me gustaría ver más empresas brasileñas también trabajando en Europa, aunque de momento nos centremos más sobre las Américas, como antes he dicho.

Insisto en que nuestra agenda tiene dos pilares: la competitividad interna, con retos tales como las tasas de interés, la infraestructura de costes, el peso de los impuestos, cosas que tenemos que resolver por nosotros mismos; y, el otro pilar, cómo gestionar nuestras relaciones internacionales.

Usted sabrá que Mercosur y la Unión Europea están discutiendo un posible acuerdo de libre comercio, y nuestra asociación Abit está participando en esas negociaciones. Entendemos que Europa y Mercosur podemos generar un flujo de inversiones recíprocas, no sólo para comprar y vender sino para producir en diferentes continentes.

Obviamente, ésta no va a ser una negociación corta. Argentina tiene elecciones en octubre, Francia ha dado signos de posibles elecciones en mayo, eso interrumpirá las agendas, pero las cosas avanzan y éste podría ser el mayor acuerdo comercial en el mundo. Desde Abit creemos que será posible lograr un buen acuerdo para todos los continentes; es cierto que la agricultura de Europa quiere mucha protección, y que una parte de la industria de Mercosur también demanda mucha defensa, pero al menos vamos a discutir todas las posibilidades, y al final ya veremos si es posible firmar o no, pero un acuerdo de esas dimensiones sería muy importante.

Hablando del presente, hoy en día el movimiento de comercio textil es más favorable para Europa que para Brasil, e incluso Europa está más contenta por la rapidez del crecimiento ya que no sólo vende a nuestro país marcas de lujo sino tejidos y productos técnicos, y también moda de todos los niveles.

Si usted da una vuelta por São Paulo verá que día a día se abren nuevas tiendas con marcas europeas importantes, tales como Hermés, Gucci o Prada. Muchas ya están y otras están viniendo, como Dior. Pero asimismo en clase media, Hennes and Mauritz (H&M) está discutiendo venir a Brasil. Claro que venir a Brasil no significa lo mismo para una marca de lujo, a la que le basta con poner una o dos tiendas en São Paulo, que venir a Brasil a trabajar en mercados masivos. Grandes cadenas como C&A y otras, tienen 150 o 200 tiendas, y están invirtiendo para abrir entre 30 y 45 nuevas tiendas por año, porque son varias las regiones del país que están creciendo muy rápido (el Norte, el Nordeste).

 

¿Y Zara?

—Zara tenía un plan para alcanzar este año más de 50 tiendas, pero de momento tiene 27, así que no sé qué ha ocurrido. Pero tanto Zara como Mango, dos cadenas importantes de España, poseen planes ambiciosos y ya están aquí.

 

Y por lo que sabemos, Zara también fabrica en Brasil.

—Así es, en efecto. Realmente es necesario producir en Brasil. Una boutique o una cadena de dos o tres tiendas puede limitarse a importar. Pero, si quieres vender en el mercado masivo brasileño, has de fabricar al menos una parte de la producción en el Brasil.


[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 196 septiembre — 2011 ].


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