El profesor Rigobon muestra en el Congreso Aecoc la gran paradoja: los estadounidenses no cubren las vacantes que dejan los expulsados.
El mundo económico internacional anda revuelto desde que el presidente de los EEUU tomase, a comienzos de año, polémicas decisiones en materia arancelaria. Pero, también, por las consecuencias de su política migratoria, que contempla la expulsión de una población laboral sospechosa de situación irregular en el país. Esto último, aparte de las discusiones político-jurídico-sociales que levanta, tiene o puede tener consecuencias económicas.
Estos asuntos han sido objeto de un análisis por parte de Roberto Rigobon, profesor del «MIT Sloan School of Management», en su intervención en el 40º Congreso Aecoc de Gran Consumo, del que ya hemos publicado una primera información.
En estas materias, Rigobon ha advertido sobre el deterioro del mercado laboral estadounidense y la fragilidad de algunos de sus principales indicadores económicos. «La situación es peor de lo que pensamos».
Desde julio la coyuntura ha empeorado debido a políticas migratorias que han provocado la salida de más de un millón de personas del país. «Según indican los datos, en seis meses se ha ido el 1,2% de la fuerza laboral. Teniendo en cuenta este aspecto, la tasa de desempleo debería haber mejorado porque los estadounidenses deberían haber accedido a estos puestos vacantes, pero no lo han hecho, por lo que la situación del mercado de trabajo es especialmente delicada», ha dicho.
También afirma que la reducción de tipos de interés por la Reserva Federal se ha debido más a la tensión en el mercado de empleo que a la evolución de la inflación, lo que refleja un escenario de «shock de oferta».
El profesor del MIT también ha abordado los desafíos que plantea el envejecimiento poblacional, así como sus implicaciones fiscales. «La diferencia entre longevidad y envejecimiento está en la dignidad», ha dicho. También ha planteado la necesidad de gestionar la transición demográfica de forma sostenible. «La pregunta es cómo podemos manejar la transición demográfica con dignidad y cómo se prepara esta transición fiscalmente». Países como Japón, con una deuda superior al 220% de su PIB, muestran la dificultad de financiar estos procesos. «Nos estamos haciendo viejos sin rediseñar el ciclo de vida, un hecho que condiciona las decisiones que toman los jóvenes».
Parte de su ponencia se ha centrado en el papel de la inteligencia artificial, en lo que pueda afectar a la economía y la sociedad. A su juicio, «el objetivo de la IA es diseñar soluciones que determinen el valor de un producto no por su efectividad, sino por la satisfacción que genera». El reto, ha señalado, «es encontrar el punto en el que la tecnología complemente el bienestar humano en lugar de sustituirlo». Ha instado a repensar la relación entre innovación y bienestar colectivo, recordando que «las tecnologías generan mucha riqueza, pero su propósito debe ser generar bienestar».
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